TEMPORADA 17 / 18

Dios salve al perro viejo

Francisco Merino / Diario de Córdoba - 28.03.2010

 

Quedan cada vez menos como él, miembro de una estirpe de futbolistas-puente con otra época en la que aún existían códigos de honor que te empujaban, por ejemplo, a entender el dolor como algo familiar o a anteponer el sentido del deber a todos los demás, incluso al sentido común. Hoy en el fútbol -como en la vida- se busca antes la excusa que la solución. Una moda perniciosa para estos tiempos de llorones. Hay quienes se creen con el derecho a quitarse de en medio cuando vienen mal dadas, escabulléndose de modo cobarde en esos momentos que, parafraseando al inimitable Ramón Trecet, separan a los niños de los hombres.

 

Gerardo jugó ayer ante la Real Sociedad uno de esos encuentros especiales no porque en frente estuviera un ex equipo -el experto zaguero no está ya para vendettas ni cosas así- sino porque el suyo ahora, el Córdoba, afrontaba un capítulo crucial para cubrir el objetivo principal de la temporada: la permanencia. Con el capitán Gaspar ausente por lesión, no parecía de recibo encarar el duelo con más remiendos. Los tipos como él entienden estas cosas y no miran para otro lado. El sevillano, que había jugado infiltrado en otras ocasiones, se colocó en su sitio y se empleó con la eficiencia que acostumbra. Quizá no levante las ovaciones que arrancan los goleadores o los aplausos que recibe un portero tras sacar una pelota de la escuadra. Las reacciones que provoca su juego en la grada se ciñen al boca a boca, a esa mirada cómplice con el compañero de asiento cuando el lateral ejecuta con maestría una acción -una anticipación, un cruce, una cobertura…- o a un comentario sentido y breve: "Éste sí". Y todo el mundo lo entiende.

 

Gerardo García León no necesita ir diciéndole a todo el mundo lo bueno que es o lo malos que son los demás. Tampoco es de esos peterpanes acomplejados que se excusan en que no les dan cariño ni les pasan la manita por el cogote para regatear la responsabilidad y autoconvencerse de que su mediocre desempeño es genial. Simplemente demuestra con hechos lo que es: un futbolista ejemplar. En el Córdoba aún se emocionan cuando recuerdan aquel día de agosto en el que se apalabró su llegada. Una noche de alta tensión, con gestiones enrevesadas y demasiada prisa. Con la calculadora en una mano y el cronómetro en la otra. Una noche de tortura. Bendita noche de verano.

 

Zubillaga había recibido una clara consigna -"hay que rejuvenecer la plantilla", le ordenó el presidente Salinas-, pero hay ocasiones en las que salirse del guión resulta más que razonable. Y, finalmente, rentable. Fichar a un futbolista de treinta y tantos años es un riesgo, pero controlado si se trata de Gerardo, que en el mes de agosto pasado era un hombre perplejo en medio del mercado.

 

Profesional de reputado prestigio, titular en todos los equipos en los que ha sido contratado desde que inició su carrera hace más de tres lustros (Real Madrid B, Leganés, Lleida, Badajoz, Villarreal, Valencia, Osasuna, Málaga, Real Sociedad, Córdoba, una Copa del Rey, una Supercopa, una Intertoro, un subcampeonato de Champions League, medio millar de partidos oficiales...), no había encontrado en su teléfono ninguna llamada desde que concluyó su etapa en la Real Sociedad, donde despachó un par de cursos intachables que quedaron diluídos en la decepción general del club donostiarra: fueron el del descenso y el del frustrado ascenso -precisamente allí, en Anoeta, estuvo el Córdoba ese día salvando el pellejo-. Cuando el club blanquiverde le ofreció incorporarse a su proyecto de austeridad y sufrimiento asumido, cogió sin dudar la maleta y se presentó en El Arcángel.

 

Apareció en el último minuto, cuando el plazo de fichajes estaba a punto de expirar y empotrado en un paquete de incorporaciones de lo más variopinto, junto a tipos como el guardameta Alberto -en el paro, víctima de un Expediente de Regulación de Empleo en el Murcia-, el defensa Dardo Caballero -uruguayo que venía de la segunda categoría de Noruega y ya ha sido despedido- y Juanjo -delantero del Racing de Santander coleccionista de cesiones a Segunda-, envuelto en un halo sospechoso -ahora felizmente disipado- por su edad y circunstancias. Nadie puede culpar al cordobesismo de recelar de los veteranos que aterrizaron en los últimos tiempos en el club, que mayormente se dedicaron a disfrutar del último gran contrato de sus vidas parapetándose en sus rutilantes historiales ante la evidencia de que sus mejores horas futbolísticas habían quedado atrás. Salvo honrosas excepciones, claro. Gerardo es una de ellas.

Don Álvaro Rubio

Tony Pola / El Norte de Castilla - 25.01.2016

Hubo un tiempo en el que el Real Valladolid era un asiduo de la Primera División española, llegando incluso a alcanzar finales de Copa o competiciones europeas. Tratándose de un equipo modesto, pero sin duda histórico, el paso de los años ha dejado para el recuerdo del aficionado a multitud de figuras: Moré, Mínguela, Eusebio, Torres Gómez, Marcos, Víctor… Sin duda cada pucelano guarda especial cariño hacia alguna de ellas, bien por su calidad, bien por su amor y compromiso con el club.

En los últimos años, no hace falta recrearse en lo evidente, el equipo da para poco más que tratar de luchar por regresar a la máxima categoría, ávido de figuras que nos trasladen a épocas mejores. Afortunadamente, en todos estos años de altibajos y travesía siempre surge un guía; un arquitecto que sostiene al equipo cual pegamento de contacto. Se trata, como ya habrán adivinado, de Don Álvaro Rubio.

Campeón del mundo sub 20 compartiendo vestuario con jugadores como Xavi o Casillas, llegó a Valladolid en 2006 con 27 años, siendo ya un jugador experimentado. Asentado completamente con su familia en la ciudad del Pisuerga y tras disputar cerca de 300 partidos con la blanca y violeta, hoy, cerca de cumplir 37 primaveras, sigue dando lecciones sobre el césped.

Ya escribí en su día alguna columna dedicada a él y se me acaban los calificativos para describir al capitán de nuestro equipo. Para un hombre trabajador como él, el mejor halago debería ser simplemente resaltar que, tras una década y decenas de entrenadores y rivales en su puesto, sigue siendo titular. Reconocido y querido por todos (es frecuente leer halagos en las redes sociales de muchos de sus ex compañeros), a día de hoy encarna como nadie lo que esta ciudad quiere para su equipo: orden, una pizca de calidad y mucho compromiso. Diez años después, nadie ha conseguido hacer sombra al riojano en el centro del campo pucelano, así que no debe ser tan fácil encontrar a un jugador que combine esas tres virtudes de manera persistente.

Una temporada más la mejoría del equipo coincide con la titularidad de Álvaro. Portugal va encontrando el camino, aunque el equipo debe ofrecer mayor regularidad. Mientras tanto, sigamos disfrutando de todos y cada uno de los minutos en los que Álvaro vista nuestra camiseta; una zamarra histórica que han vestido gente como Lesmes, Matito, Coque… Nuestros mayores gozaron con ellos, como hoy nosotros lo hacemos con Don Álvaro Rubio.

 

UNA TARDE CUALQUIERA EN JESUITAS

Javier Adán

 

Era una tarde de Mayo. Me aburría como una ostra en casa y decidí salir a dar un paseo por la plaza 1º de Mayo. Mis pasos sin darme cuenta me llevaron hasta el colegio de los Jesuitas y decidí entrar a ver a esos chavales, que igual que hacía hace ya más de 10 años, estaban en el patio entrenando con su balón de fútbol. Nada más entrar reviví aquel pasado tan maravilloso; sonaba la sirena y recogíamos rápido el pupitre con los libros porque esa tarde teníamos fútbol, bajábamos las escaleras casi sin tocarlas y acudíamos veloces al campo de entrenamiento, ya estábamos listos.

 

Cuando mi mente se encontraba 10 años atrás, una voz me despertó: “Buenas tardes Javi”, era el Hermano Benito. Nada más verme se acercó a mi; me tenía mucho aprecio. Éramos amigos, siempre lo fuimos. Juntos comenzamos nuestro paseo acompañados por una buena charla de fútbol, de esas que le gustaban al Hermano Benito. Casi siempre hablábamos de Butragueño. Decía que yo jugaba igual que él, que le recordaba mucho al “buitre” y me explicaba una y otra vez cómo me tenía que desmarcar y cómo tenía que engañar al portero para regatearlo y marcar gol. Durante todo el paseo por los distintos campos me interrumpía una y otra vez para decirme: “mira ese chaval remata de cabeza como Santillana”, “aquel rubito pequeño tiene una zurda muy buena”, “ese bajito es muy peleón, le falta técnica pero muerde” “a ese otro no le gusta el fútbol, no disfruta, tiene que correr más”; conocía a todos los chavales a la perfección, a todos los había sacado de sus aulas para apuntarse a fútbol, nos íbamos acercando a los entrenadores y el Hermano Benito les corregía “dile a ese niño que no le de con la puntera, en este club siempre le damos con el interior”. Poco a poco nuestro paseo nos llevó al último campo, era el campo verde, ese en el que todos queríamos entrenar y en el que jugábamos lo sábados por la mañana. Yo creo que ese campo siempre tendrá algo especial para los que hemos jugado allí sábado tras sábado; el Hermano Benito se acercó al entrenador y le dijo: “mañana juegas un partido muy difícil, diles a los niños que se comporten, que tengan educación y se diviertan jugando !! ah¡¡ y no se te olvide lo más importante, hay que ganar.

 

El Hermano Benito siempre quería ganar. Si el Loyola no ganaba el partido se enfadaba mucho y se lo decía al entrenador. Era ante todo sincero, pero si los jugadores se comportaban mal en el terreno de juego se enfadaba aún más y entonces sí que se ponía serio y les cantaba las cuarenta a los entrenadores. No soportaba a los maleducados y siempre les decía: “en este club somos gente educada y ganadora, el que no cumpla esto ya sabe donde tiene la puerta”. Una vez terminado el siempre agradable paseo con el Hermano Benito nos despedimos: “suerte para el partido de mañana Javi, el lunes te leeré en el periódico a ver si has marcado gol”. No sólo controlaba a sus niños sino que leía todos los periódicos para ver como seguían progresando todos los jugadores que habían pasado por la cantera azul, desde la 1º División hasta la 3º.

 

Desde hace tiempo echamos de menos la compañía del Hermano Benito, pero desde el club queremos recoger su testigo, su filosofía, su ilusión y lucharemos por conseguir equipos educados y ganadores como quería el Hermano Benito, y cada éxito deportivo que tengamos estará dedicado a la persona más importante que ha pasado por este club : EL HERMANO BENITO.

METODOLOGÍA DEL ENTRENAMIENTO

Jesús Ángel Martínez

 

Completo y detallado artículo técnico sobre planificación y metodología del entrenamiento. En el artículo el autor va a mostrar la realidad del proceso de entrenamiento de un equipo en edad juvenil, teniendo en cuenta nuestra idea global de planificación y temporalización de los contenidos de entrenamiento , concretándola a nivel del microciclo. Tras conocer la realidad y el entorno del equipo, se pasará a realizar una “justificación-reflexión” acerca del estado de la cuestión en el entrenamiento en fútbol, poniendo especial énfasis en mostrar el argumento justificativo que subyace de la manera que tenemos de entender este deporte en la actualidad, teniendo en cuenta, además, que estamos en la última etapa de formación del joven futbolista. Posteriormente, concretaremos la propuesta y la ejemplificaremos con un microciclo típico de entrenamiento.

 

Los niños no son adultos en miniatura

 

FERNANDO TAMARGO

Los niños no son adultos en miniatura y no son instrumentos de los adultos.

 

Desde las primeras edades en el fútbol, el niño es un ser curioso, va a preguntar por todo. Que busque por su cuenta, no le demos todas las respuestas, que las busque. Utilicemos métodos de entrenamiento para que pueda buscar aunque se equivoque.

 

Desarrollemos su iniciativa, aunque pierda. Me parece una enorme incoherencia decirle al niño, desde la banda, cuando esta ganando, que tire balones fuera. ¿Sabemos lo que significa decirle a un niño de ocho años, que va ganado, que tire balones fuera? ¿Nos hemos metido en la mente de un niño al que le estamos diciendo que renuncie a jugar por mantener el resultado? Cuando lo mejor que tiene el niño es la posesión del balón, el disfrute del juego, y encima esta ganado y le decimos que tire balones fuera. Ante eso, al niño se le descompone absolutamente toda su estructura mental.

 

No tenemos ni idea de lo que pasa dentro de un niño cuando le obligamos a retener el balón, a perder tiempo. ¿Perder tiempo un niño? Si resulta que lo único que tenemos todos, niños y adultos, es el tiempo. Cada uno podrá tener sus cosas, pero tiempo tenemos todos el mismo, es el mismo tiempo para todos. ¿Y le decimos al niño, desde al principio, que pierda el tiempo? El niño seria infatigable si le dejáramos jugar tres o cuatro horas seguidas, no se cansa.

 

Nos cansamos los adultos, los niños no. Cuando el niño pierde tiempo, pierde un tiempo gratificante que no se le remunera, pero es el tiempo de su satisfacción personal. Si le enseñamos a perderlo, a tirar balones fuera, es mejor que no juegue.

 

"Tomado de un articulo de Santiago Coca en el numero 149 de Training Fútbol".

¿NAVIDAD EN EL FÚTBOL BASE?

Llega la Navidad y con ella afloran en casi todos nosotros los mejores deseos de paz y felicidad, el recuerdo de aquellos que por diversas razones ya no están. Momentos entrañables y tiernos. Nos sentimos "obligados" a felicitarnos, a sonreír, a poner buenas caras. Somos buena gente deseosa de lo mejor para todos. Sin embargo, ¿es ese ambiente fraternal trasladable al ámbito del fútbol base?

 

Imaginemos:

 

"Tras haber sido expulsado, el entrenador del......., D. ....., se queda apoyado en la valla que delimita el campo, al lado del banquillo del equipo que él dirige, dando instrucciones y desaprobando todas mis indicaciones hasta el fin del encuentro. Una vez finalizado (...) entra en el terreno de juego desobedeciendo mis indicaciones de que debía salir de éste, volviendo a recriminarme todas las decisiones que había tomado, describiendo mi arbitraje como un arbitraje pésimo y vergonzoso. todos estos actos fueron parte de los motivos que hicieron que los seguidores del ....... tomaran la actitud que más tarde se especifica. A la media hora del fin del encuentro y sigueindo indicaciones de las fuerzas del orden público que tuvieron que presentarse en las instalaciones deportivas al objeto de evitar unas consecuencias más graves, es llamado el referido entrenador por la megafonía acudiendo éste a mi vestuario al objeto de realizar gestiones por parte de los agentes para identificar al agresor así como para que explicara los hechos sucedidos. Tras tomarle declaración, aprovecha el momento para volver a increparme por mi arbitraje con expresiones como: pésimo, vergonzoso, no he visto en mis treinta años de entrenador algo parecido". A continuación, justifica e incluso llega a apoyar el acto de violencia ocurrido en el túnel de vestuarios hacia mi persona por un espectador del ....., alegando que todo había sido por mi culpa. Hacer referencia que en ningún momento nadie del cuerpo técnico o miembros del ........ colaboran conmigo ante la situación narrada".

 

No parece que lo dicho anteriormente apoye la idea de paz y felicidad del tiempo de Navidad y, sin embargo, esto ocurre realmente en nuestro deporte "infantil". ¿Cierto? Cierto. Imaginemos un poco más:

 

"Tras haber finalizado el encuentro y en el momento en que me dirigía hacia el vestuario; a la altura de del acceso a los mismos, un espectador del ....., mientras me dice todo tipo de insultos, amenzas y vejaciones tales como ...., ........ , ....... Cuando estoy a una de un metro aproximadamente de él, este individuo me escupe, impactándome tanto en la cara como en el cuerpo. Rápidamente, funcionarios del ...... intervienen justo cuando éste se disponía a propinarme un puñetazo con el puño cerrado, pudiendo llegar a evitar tal agresión gracias a esta intervención y a que yo me retiro unos pasos hacia atrás, mientras dicho individuo sigue "diciéndome" vejaciones hacia mi persona como las anteriormente descritas. Mientras tanto, el resto de los espectadores del ........ contribuyen a que los funcionarios del equipo local no puedan retener al agresor y ayudan a éste a que se dé rápidamente a la fuga. Además, varios espectadores relacionados con el ....... impiden a espectadores del equipo local que estos llamen a las fuerzas del orden público con amenazas..."

 

Ni que decir tiene que los hechos narrados o imaginados descritos previamente sean algo generalizado, común. Pero sí que es cierto que ocurren y dicen muy poco de ciertos "personajes" que cercanos al mundillo del deporte base ayudan muy poco a que este juego, sufrido y bello, capaz de atraer a cientos de jóvenes y favorecer su formación como personas, pueda ser vivido con racionalidad , objetividad e ilusión. Achacar nuestra desgracia a la actuación de alguien ajeno y pensar que todo el mal se arregla a "bofetones" no sirve. Y no sirve en una edad en la que la pretensión de la actividad física que supone jugar a fútbol no pasa más allá del disfrute, de la relacion con los demás y del pasarlo bien a través de una práctica deportiva saludable. Todo lo demás sobra. Le pese a quien le pese y, si bien la competitividad forma parte intrínseca del fútbol, nunca hasta los extremos narrados. Mal ejemplo para aprender.

¿Navidad? Pues eso. Tiempo de paz, disfrute y felicidad.

La frustración: escuela de deportistas

FCO. JAVIER RODRÍGUEZ LAGUÍA

La frustración ¿que sentido educativo tiene? Como padres o educadores cuanto nos cuesta entender ver a nuestro hijo o alumno fracasar. El fracaso, la frustración, el enfado por una meta no conseguida no dejaría de pasar de ser una anécdota si no fuera por la excesiva importancia que le damos los mayores. El fracaso en sí no es malo, es otra situación de la vida que hay que aprender a afrontar. El triunfo, el fracaso son situaciones relativas. Lo que realmente importa de cada fracaso es la pequeña enseñanza que podemos sacar. Las hi storias de grandes triunfos está precedida de muchos pequeños fracasos. La clave en el trato de la frustración no está en educar a los hijos para el éxito sino para superar los pequeños desengaños de la vida.

 

La tolerancia a la frustración se fortalece en función de la importancia que le demos a as quejas de los niños. Cuanto más caso hagamos a las quejas de los niños ante cualquier situación más baja será su tolerancia. El educar a los hijos o alumnos en una vida cómoda y fácil es el peor favor que les podemos hacer. “La vida no es cuestión de cantidad sino de intensidad” y la ntensidad pasa por superar el sufrimiento y el dolor nunca en rehuirlo.

 

La frustación en el niño. Cómo superarla.

 

El comportamiento humano se mueve no solo para conseguir unos objetivos (aquello que ambiciona el hombre) sino para huir de lo negativo que le resulta violento y le amenaza. No siempre se consigue lo que se desea (alcanzar una meta o huir de algo)debido a barreras tanto físicas como morales y/o sociales y este hecho genera un sentimiento que conocemos como frustración. En definitiva es lo que le pasa a un niño cuando quiere conseguir algo y sus padres no le dejan, cuando un adolescente ambiciona algo que puede ser nocivo para su salud (y por desconocimiento lo quiere alcanzar) y la familia se lo prohíbe. El niño se encuentra en un estado de privación de la satisfacción de un deseo al no alcanzar las expectativas de recompensa.

 

¿QUÉ ENTENDEMOS POR FRUSTRACIÓN?

 

Podemos definirla como un sentimiento que aparece cuando no se alcanza un objetivo propuesto (puede ser comprar un juguete, ir a un viaje con amigos que comporta un riesgo en carretera, etc.) Este sentimiento genera ansiedad, rabia, angustia, ira e incluso depresión. Ante este cuadro de sensaciones, el niño debe saber reaccionar de la forma más sana para que afecte lo menos posible a su e quilibrio emocional (se supone que el adulto ya es capaz de hacerlo). Se trata de una situación en la que una expectativa, un deseo, un proyecto o una ilusión no se cumplen. Por tanto, estamos ante un sentimiento desagradable generado porque el sujeto no satisface sus pretensiones. Pero el fracaso en sí no es malo. El fracaso es algo que va asociado a la misma condición humana. ¿Quién no ha fracasado alguna vez? Los que triunfan en sus pretensiones no pueden decir que no fracasan nunca. A los hijos hay que decirles que el triunfo va ligado a superar los pequeños fracasos que constantemente nos surgen en la vida. Por el contrario, los que fracasan son los que con cada pequeño fracaso en lugar de sacar conclusiones positivas, se hunden un poco más.

 

¿QUÉ GENERA LA FRUSTRACIÓN?

 

Podemos hablar de tres causas principales:

 

▪ La existencia de un obstáculo (barrera) para conseguir un objetivo. Puede haber un objeto exterior que se interpone entre el sujeto y lo deseado. Ese obstáculo puede ser físico (una barrera, valla...) o bien una situación (prohibición de los adultos, no ap robar un examen, etc.).

 

▪ La carencia de algo que uno considera que posee (falta de dinero, libertad, salud,cariño, afecto...).

 

▪La existenia de dos objetivos incompatibles entre sí (conflicto) (un adolescente que quiere salir pero también aprobar con buena nota un examen; un niño que quiere jugar en el parque con un vecino pero también irse con un adulto de excursión, etc.).

 

La influencia de la frustración sobre una persona está determinada por la personalidad, así como por numerosas variables, difíciles de controlar. Debemos ser conscientes de las CONSECUENCIAS que genera la frustración para el ser humano (en concreto en el niño) y debemos prevenir que se desencadenen problemas psicológicos sobre todo en el caso de los adolescentes con una personalidad más vulnerable. Las reacciones más socorridas son el enfado, la agresividad e incluso la violencia. También pueden aparecer reacciones de tristeza,depresión, pesimismo, desmotivación, introversión. Por último podemos encontrar unbloqueo, resignación y suspensión de todos los intentos de adaptación.

 

De todas las reacciones citadas la agresividad actúa como efecto perturbador de la conducta. Esto será así mientras no se aprenda a resolver este conflicto con el diálogoy el raciocinio. Por tanto donde haya agresividad debemos pensar que hay una frustración previa. Ypodemos hablar dedistintas conductas agresivas que pueden ser la agresión física directa (la manera más elemental a la que recurre un niño); la agresión física “desplazada” (se manifiesta pasado un tiempo, es premeditada, no es propia de niños sino de edades más avanzadas como de adolescentes y adultos); las agresiones verbales directas y desplazadas; las agresiones internas (complejos de culpa,inferioridad, depresión, apatía...); conducta desorganizada (consumo de drogas,alcohol en adolescencia). También como respuesta a la frustración encontramos la regresión que en los niños se materializa como un abandono de sus intentos de conseguir su objetivo y una vuelta a conductas psicoevolutivas ya superadas. Un estudiante que se esfuerza en el aprendizaje y no consigue los resultados deseados se frustra y desarrolla problemas emocionales como una autoestima pobre.

 

Ante la frustración podemos aplicar MECANISMOS DE DEFENSA y transmitirlos a los menores para su correcto uso. Hay que empezar por pensar en las posibles soluciones y actuar de una manera racional. No siempre se consigue resolver un problema vital de una forma fría y racional debido a su complejidad por la confluencia de multitud defactores frentea los que la persona es muy sensible. Las pautas de defensa que unapersona puede aplicar pretenden el dolor y malestar causados por la frustración. Los mecanismos propiamente dichos se pueden aplicar más directamente con los hijos adolescentes por su mayor capacidad de razonamiento. De los distintos mecanismos existentes, el más fácilmente utilizable por los hijos podría ser la sustitución que consiste en cambiar objetivos indeseables de conducta por objetivos deseables. Cuando un adolescente está nervioso en época de exámenes, le puede dar por fumar pero también puede descargar la tensión haciendo deporte y una actividad física intensa.

 

También podemos intentar AUMENTAR LA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN que es el grado de fortaleza interna y equilibrio interior que le permite a una persona seguir luchando para conseguir algo que anhela sin miedo al fracaso y a sentir frustración. Una persona con baja tolerancia a la frustración posee una sensibilidad excesiva hacia todo lo desagradable. Es frecuente encontrarlas de mal humor, con ansiedad, tristes, con resentimiento o enfadadas por la suerte que les toca vivir. Existen diferentes grados de tolerancia a la frustración. Por ejemplo, hay niños que enseguida se enfadan y manifiestan conductas frustrantes ante un deseo por pequeño que éste sea y hay otros que si se habla y se razona, explica los porqués de una decisión, comprenden y aprenden a reaccionar de una manera controlada. No se trata de educar a los hijos para el éxito sino para aprender de cada pequeño error y volver a intentar el objetivo con ilusión. Un hijo aumenta la tolerancia a la frustración cuando aprende de los pequeños fracasos como romper un plato, un suspenso inesperado,etc.

 

Es preciso que el niño aprenda a lo largo de su crecimiento que no siempre se consiguen las cosas que uno desea. Es necesario que aprenda a ver las cosas de forma madura porque de lo contrario seguirá adoptando comportamientos infantiles propios de una persona con baja tolerancia a la frustración que se caracterizan por lo siguiente:

 

▪ Creen que tienen que obtener todo lo que quieren y por ello exigen,ordenan e insisten para que se satisfagan sus deseos a toda costa.

▪ Creen que es necesario que la vida es siempre fácil y cómoda.

▪Creen que cualquier dificultad, demora, fracaso,etc., es demasiado horrible para soportarla.

▪Confunden sus deseos con necesidades.

 

Para ello, ¿qué podemos hacer?

1. Ser consciente de ella. Esto requiere un análisis de la situación. Es el punto de partida. Es conveniente saber cómo son nuestras reacciones y lo que pensamos ante algo que nos molesta.

 

2. Distinguir entre deseo y necesidad. No es conveniente presentar frustraciones intensas ante hechos que sólo son un deseo. Comprender que los deseos más cotidianos se pueden cumplir o no nos ayudará a reaccionar mejor ante situaciones en las que éstos no se cumplan. Por el contrario si hay necesidades que debemos y exigimos satisfacer podemos tener problemas. Es lo que pasa a un niño que no tiene adquirido del todo la noción del tiempo y presenta inquietud ante una demanda hecha a su madre, la conducta es de irritabilidad e incluso puede llegar a ser rabieta. Dos reacciones muy distintas en adolescentes que toleran o no la frustración pueden ser aquel que ante un hecho no conseguido piensa que son cosas que pasan pero hay queseguir adelante y otro que piensa que no lo va a tolerar y que hará todo lo posible por impedirlo.

 

3. Controlar los impulsos. Si no toleramos bien la frustración nos resultará difícil controlar los impulsos y ese es el motivo de reacciones bruscas y salidas de tono en jóvenes todavía por formar. Al joven hay que hacerle reflexionar si de verdad necesita algo que es perjudicial cuando siente un impulso por conseguirlo.

 

4. Aprender a soportar el dolor y el malestar. De eso saben mucho los adultos ya que han aprendido a que en la vida no todo se consigue y no todo genera bienestar y placer. A los jóvenes hay que enseñarles a que no basta con superar el impulso de fumar, comer dulces en abundancia, beber alcohol, ir con compañías inadecuadas,etc.; deben aprender a soportar el malestar que pueden sentir cuando tienen estos impulsos. Deben utilizar la fuerza de la mente (como hacen los adultos) pensando: “puedo superar sentirme así”, “el malestar no es tan negativo”, “soportaré el malestar”,...

 

5. Controlar el ambiente. Para llegar a controlar los impulsos es conveniente también controlar el ambiente en que nos desenvolvemos. Por ejemplo, es preciso que el adolescente cuide las compañías y los sitios donde va. Eso es actuar sobre la causa de la frustración, indagar en su origen y modificarlo.

 

Francisco Javier Rodríguez Laguía. http://www.isftic.mepsyd.es

 

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